Visiones y alucinaciones: definición y causas

Las visiones son síntomas característicos de un trastorno del sueño. Las alucinaciones no se analizan como un desorden a tratar, sino que forman parte de un cuadro psicológico más amplio, común a otras patologías.

Se considera alucinación aquella percepción falsa en ausencia de un estímulo externo. Como sucede con la mayoría de las funciones cerebrales, no existe consenso acerca de las causas que producen las alucinaciones. La más extendida es la que afirma que se debe a deficiencias en las conexiones sinápticas (la transmisión que se produce entre las neuronas) en las regiones del tallo encefálico y otras partes del cerebro.

Alucinaciones por causas físicas

En ocasiones, las alucinaciones se producen por deficiencias en los sentidos o en los órganos que perciben los estímulos del exterior. Por ejemplo, personas con daños en la retina, ya sea por enfermedad o por un traumatismo, de pronto pueden empezar a ver objetos dentro de esa zona físicamente ciega denominada escotoma. El motivo por el que ocurre esto es porque al existir una señal desde la retina, el cerebro se halla ante la disyuntiva de eliminar toda visión de ese ojo o de rellenar los huecos siguiendo patrones cerebrales previos, que en la mayoría de las ocasiones no se corresponden con la realidad concreta.

Es célebre la alucinación denominada «miembro fantasma», en la que un paciente con un miembro amputado continúa sintiéndolo como si todavía lo tuviera. En este caso sucede lo mismo que en el del escotoma: ante la posibilidad de asimilar el vacío funcional del miembro amputado, el cerebro opta por simular su existencia, de ahí que los estímulos percibidos con ese miembro sean virtuales.

Alucinaciones por causas psíquicas

Hasta hace no mucho tiempo se interpretaban las alucinaciones como sinónimo de psicosis o de esquizofrenia, pero con el tiempo se ha demostrado que no es así. Una alucinación visual, auditiva o de la naturaleza que sea, es patológica cuando sufrirla deviene en tormento por su intensidad, frecuencia y el carácter imperativo de las alucinaciones: por ejemplo, voces dentro de la cabeza. Sin embargo, la contemplación de algo que se percibe con extrañeza puede calificarse en algunos casos como normal. Las alucinaciones no son habituales, pero sí más frecuentes en personas sanas de lo que se piensa.

Terrores nocturnos infantiles

En los niños se producen tanto pesadillas como alucinaciones. Estas últimas forman parte de los terrores nocturnos. Y ambas se mezclan durante el sueño. El terror nocturno surge al despertar de una pesadilla producida durante una fase muy profunda del sueño, por lo que el niño, en lugar de despertar súbitamente, queda en un estado de semivigilia en el que se prolongan los efectos de la pesadilla y del que no puede escapar. De ese modo se genera una situación de angustia en que el niño se agita, habla, tiembla, llora y grita fuera de sí. Además, tiene los ojos abiertos de par en par, por lo que los padres suelen creer que está despierto. Cuando el niño despierta finalmente, suele haber olvidado la fuente de su miedo y vuelve a conciliar el sueño con facilidad.

No han de confundirse las pesadillas -originadas durante el sueño REM- con los «terrores nocturnos», producidos en la fase III del sueño NREM (sueño profundo), previa a la fase REM. Las pesadillas y los terrores nocturnos son habituales entre los 4 y los 12 años. A partir de entonces decrece su frecuencia a medida que avanza la edad.

Imagen de portada: ‘La pesadilla’, de John Henry Fuseli (1781).

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