¿Cómo sé que no estoy soñando? Test de realidad

Los sueños son un simple escenario por el que se mueve nuestra consciencia en un estado de lucidez muy reducida, es decir, una ilusión cerebral dispuesta para ser asimilada sin objeciones. No sabemos a ciencia cierta cuál es la función de los sueños, pero en cualquier caso el cerebro es un órgano práctico: trata de cumplir su cometido ahorrando la máxima energía posible. De ahí que la construcción de los sueños, por su naturaleza provisional, sea rudimentaria.

Existe un fenómeno en el que en ocasiones esa consciencia restringida sobrepasa sus límites y el soñador adquiere una lucidez ampliada, capaz de percibir esos rudimentos en la estructura de la realidad, en caso de que se trate de un sueño.

Entonces se produce una deducción lógica. A quien ha sido capaz de adquirir consciencia en sueños, ¿qué le impide suponer que la realidad no es más que otro sueño en el que poder despertar?

Existe un método sencillo, basado en comprobaciones rutinarias, al que suele denominarse «test de realidad». Se trata de adquirir la costumbre de cuestionarse lo que uno ve, es decir, de formularse determinadas preguntas que pongan a prueba nuestra percepción de las cosas. Ha de hacerse en todo momento: al despertarse, al salir a la calle, mientras trabajas o durante una conversación. Tantas veces como sean necesarias para interiorizar el hábito durante la vigilia. Si se realiza con la frecuencia suficiente hasta asimilarlo como un resorte automático, es posible que podamos reproducir esa operación en sueños de manera prácticamente inconsciente y así, por contraste, darnos cuenta de que estamos soñando.

Al subconsciente hay que hablarle en su propio lenguaje. La costumbre adquirida actúa en el terreno del subconsciente, y así, mediante un mecanismo inconsciente, podemos poner en evidencia algo que no encaja y enseguida darnos cuenta de que se trata de un sueño.

Preguntas del test de realidad

1. «¿Dónde estoy?»
Muchos de nuestros sueños suceden en lugares conocidos. ¿Qué demuestra eso entonces? Eso nos lleva a la segunda pregunta.

2. «¿Cómo he llegado hasta aquí?»
Los sueños nos arrojan a un escenario sin conocer la situación que nos rodea, y a partir de ahí hemos de cumplir nuestro papel asignado en la historia que enseguida se pone en funcionamiento. Se nos comunica el argumento de la obra como información abstracta, al igual que un dramaturgo lee la introducción previa a la representación de un acto teatral. De ahí que tengamos noción del contexto cuando interactuamos en la escena onírica, pero es imposible que poseamos recuerdos al respecto. Es en esa carencia donde incide la segunda pregunta.

3. «¿Por qué estoy aquí?»
Esta pregunta también está relacionada con las anteriores. Imagina que estás en mitad de un sueño muy elaborado, con múltiples escenas cambiantes. Es posible que si te detienes y haces memoria, consigas recordar los diferentes escenarios, por incoherentes que resulten entre sí, a través de los cuales has pasado hasta llegar adonde te encuentras en este momento. ¿Demostraría eso que no estás soñando? No, bajo esas premisas. Es necesario que tus acciones tengan un sentido. Si no encuentras una razón que te haya llevado hasta allí, deberías cuestionarte dónde estás.

4. «¿Es coherente lo que veo a mi alrededor?»
El tejido onírico es muy frágil y no soporta un análisis crítico. Mira un objeto fijamente y enseguida notarás que su consistencia se vuelve inestable. Intenta leer un texto: te resultará imposible. Otra cosa es que tengas noción de lo que dice el mensaje. En cualquier caso trata de leerlo, vuelve la cabeza a otro lado y regresa sobre el texto para demostrar si sigue siendo el mismo. O incluso guiñar un ojo para comprobar si puedes verte la nariz. También tus manos pueden serte útiles: las conoces de sobra, así que míralas con atención a ver qué sucede. Se trata de una aplicación más de la incertidumbre de Heisenberg: la observación transforma el sueño.

5. «¿Tienen todas las causas a mi alrededor sus efectos físicos lógicos?»
Es decir: ¿toda acción lleva asociada su reacción acostumbrada? ¿Se enciende la luz cuando pulsas un interruptor? ¿Sientes el dolor al sufrir un golpe? ¿Te mojas si llueve?

6. «¿Soy capaz de influir en el sueño?»
La consciencia onírica se mide en dos parámetros: la lucidez, con la que nos damos cuenta de que estamos soñando, y la voluntad, con la que somos capaces de influir en la deriva del sueño. Contraviniendo las leyes de la física, por ejemplo. Al contrario que la prueba anterior −que buscaba identificar inconsistencias físicas espontáneas−, aquí es el soñador quien las provoca voluntariamente. Hay quien es capaz de mover objetos con el pensamiento, atravesar paredes, levitar, incluso volar. Con la voluntad suficiente, también podría cambiarse el escenario del sueño, transmutar sus personajes o modificar las condiciones climáticas.

Ningún sueño resiste este examen detallado de sus rudimentos. Si en verdad estás soñando, a estas alturas ya te habrás dado cuenta.

Imagen de portada: ‘Idilio onírico’, de Edward Robert Hughes.

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  • julio 20, 2016 en 4:46 am
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    Nunca me sentí tan identificada con un artículo. ¡Mis aplausos!

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