El sueño lúcido: origen y factores de la lucidez onírica

Por lo general, se conoce como «sueño lúcido» todo aquel ensueño −espontáneo o inducido por la experiencia− en el que el individuo adquiere consciencia de estar soñando. Al definir sus características, se suele cometer el error de añadir que puede modificarse a voluntad el curso normal del sueño, pero no es así, ya que la mayoría de los sueños lúcidos se producen en un estado de extrañeza que no permite control alguno.

La primera referencia del término «sueño lúcido» como sinónimo de «consciente» la encontramos en Los sueños y los medios para dirigirlos (1867), de Léon d’Hervey de Saint-Denys, sinólogo y gran experto en sueños. Sin embargo, el conocimiento de la consciencia onírica existe desde la Antigüedad. Encontramos referencias en la Ilíada de Homero y también en Aristóteles. En la Grecia clásica se creía que los dioses y los muertos se manifestaban en visiones durante el sueño, y estas experiencias se llevaban a la práctica ritual en los misterios eleusinos, en los órficos y en el culto a Asclepio mediante la incubación de los sueños.

En Oriente se ha encontrado una práctica muy antigua de yoga del sueño que deriva del budismo tibetano, que consiste en una meditación en estados oníricos lúcidos con el fin de prepararse para alcanzar la consciencia en el momento en que se produzca el último sueño, en el tránsito de la muerte, y así romper la rueda infinita de las reencarnaciones.

Origen de los sueños lúcidos

Según la clasificación establecida por la filósofa y psicóloga Celia Green (1968), los sueños lúcidos pueden dividirse en dos grandes categorías en virtud del momento en que se manifiesta la lucidez: durante el sueño o a partir de la vigilia.

A partir de la vigilia. Este tipo de sueños lúcidos son raros y apenas representan un 20% de los casos. En este sueño lúcido, la consciencia no experimenta aquí demasiados cambios respecto del estado de vigilia, salvo la pérdida de las funciones motoras, propias del sueño.

Durante el sueño. Sucede en la práctica mayoría de los casos. Green habla de cuatro factores susceptibles de provocar la lucidez: la emotividad de una pesadilla, un suceso paradójico o incongruente en la narrativa del sueño (como por ejemplo encontrarse con un familiar muerto o comenzar a volar sin explicación aparente), el reconocimiento espontáneo de lo que ocurre ninguna razón en particular o, en personas experimentadas en sueños lúcidos, el recuerdo de una observación técnica introspectiva (como el denominado «test de realidad»).

Factores de la lucidez: claridad y control

La claridad y el control son dos aspectos fundamentales que miden la cualidad del sueño lúcido. La claridad implica que el soñador es, en mayor o menor grado, consciente de que se encuentra en un sueño. Sin embargo, mientras que la claridad es condición sine qua non de la lucidez, el control no lo es. El control significa poder actuar sobre el sueño, ya sea para inducir un cambio sencillo o para construir un sueño totalmente nuevo con libertad absoluta.

Tanto en la claridad como en el control existe una gradación en virtud de la intensidad con la que se perciben ambos factores. En general, los sueños lúcidos se experimentan de manera espontánea en muy contadas ocasiones y la lucidez suele ser frágil y de corta duración.

Imagen de portada: ‘El sueño de Dickens’, de Robert William Buss (1875).

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